viernes, 30 de septiembre de 2016

"La familia Cordero y su legado en San Fernando"



"Doña Petrona Villegas Cordero de Stunz Arrién"
El primer miembro de esta importante familia, tan estrechamente vinculada a la historia de San Fernando, fue Fernando María Cordero de Mendoza, un español nacido en Cádiz, el 3 de junio de 1789, que al graduarse de médico más de veinte años después, emigró al Río de la Plata, en busca de mejores horizontes.

En Buenos Aires, se vivían tiempos de agitación a raíz de los sucesos de mayo. El imperio de España comenzaba a desmembrarse y la situación se complicaba para los peninsulares.

Cordero ejerció su profesión durante un tiempo en la capital virreinal y cuando el 25 de mayo de 1810 se produjo la revolución, se plegó a las fuerzas partidarias de la Primera Junta, enrolándose como cirujano en el Ejército del Norte que a las órdenes de Castelli y González Balcarce, marchó al Alto Perú.

Finalizada la campaña, Cordero se radicó en Montevideo y el 28 de junio de 1815 formó un hogar patricio tomando la mano en matrimonio de doña María de los Ángeles Arrúe López de Castilla. Su suegro se llamó José Antonio Arrúe de Ipenza, quién según el historiador Huáscar Parrallada, estaba afincado en la banda oriental a mediados del siglo XVIII, en base a la escritura fechada el 11 de setiembre de 1789, era hijo de Don Martín Arrúe Olaso Irazusta y Doña Ana Francisca de Ipenza Campos de Arteaga. Consta que éste vasco, le compró al Capitán de Milicias y rico hacendado, don Fernando Martínez Alonso de la Peña -quien luego se convertiría en familia de los Arrúe, al casarse dos nietos suyos con dos nietas de José Antonio-, una estancia en el Paso del Durazno, situada en la hoy Santa Bernardina, entre los arroyos Villasboas y Texera, desde sus nacientes hasta sus desagües en el Yi. Su fidelidad a la Corona le valió ser catalogado como "un mal europeo y peor americano", lo que conllevó al despojo de sus tierras, las cuales comprendían entre otras a la histórica estancia "Azotea de Arrúe", donde el General Artigas y sus tropas se alojaron y el 25 de noviembre de 1813, firmó con los delegados de Manuel de Sarratea, el "Pacto del Yi", en el cual Artigas, quedaba designado como Jefe del Ejército Oriental. Trenzada en pleitos se vio a la casa Arrúe, para recuperar el resto de sus tierras en el departamento de Colonia, lo mismo quedó documentado en el padrón de Durazno de 1834, de donde se extraen las primeras noticias de repartos de tierras en los campos de Arrúe, los cuales eran un hervidero de poseedores y donatarios artiguistas, contra los herederos que luchaban por recuperar el patrimonio familiar del cual habían sido despojados, logrando al fin desalojar a los ocupantes, gracias a la jerarquía de la cual gozaba la familia.

La madre de la contrayente fue Doña María Bernarda López de Castilla y Cáceres, matriarca de las estirpes patricias Arrúe–Arrién en el Río de la Plata, era criolla de abolengo hispano por su enraizamiento a la dinastía real, fue la penúltima hija del andaluz, Juan López de Castilla y Rojas Calderón, nacido en Villa de Campillo en 1726. Este varón de la casa de Castilla, hijo de Andrés López de Castilla, -con señorío y marquesado en Huelva-Andalucía y de María Catalina de Rojas y Calderón, vino a América en 1756, integrando el cuerpo de los Reales Ejércitos, de donde pidió su retiro en 1768, para dedicarse a las tareas rurales. Según los registros, en el año 1764 había comprado una chacra, en 1772 recibe un solar urbano, en 1775 escritura la compra de otra chacra sobre el Miguelete, a la que años más tarde añade la adquisición de otra contigua. Sobre el Pintado compra dos estancias en 1776, debiéndose agregar la adquisición de otra estancia entre los arroyos de la Cruz y Pintado, con cabezas de ganado, caballos, ranchos, corrales y utensilios.

Del matrimonio Cordero Arrúe, nació en 1822 un niño al que llamaron Fernando Cruz.

El Dr. Fernando María Cordero instaló su consultorio en la capital oriental, ejerciendo además, en distintos nosocomios y lazaretos de aquel lado del Plata. Cuando estalló la guerra con el Brasil, el valiente andaluz volvió a ofrecer sus servicios, enrolándose como médico cirujano en el ejército del general Alvear, donde se desempeñó brillantemente hasta que el alto mando lo destinó a unidades de la escuadra de Brown. Sin embargo, a causa de su mala salud, se lo dio de baja y pasó a retiro, aún cuando insistió vehementemente en permanecer en su puesto.

Finalizado el conflicto con la completa victoria argentina, que acarreó para el Brasil la pérdida total de la Banda Oriental y su dominio sobre las aguas del Plata y el Uruguay, el Dr. Fernando María Cordero se trasladó con su familia a Buenos Aires para continuar ejerciendo su profesión en forma particular y en varios lazaretos porteños. El 17 de mayo de 1830, el gobierno lo nombró médico de Policía de la provincia, cargo que desempeñó eficazmente hasta después de la batalla de Caseros. Manuel Bilbao reproduce en su Vindicación y Memoria de don Antonino Reyes(Ediciones El Elefante Blanco, Buenos Aires, 1998, p. 169) una nota del Dr. Fernando María Cordero fechada el 17 de abril de 1848, en la que, cumpliendo tales funciones, eleva un informe sobre el preso Domingo Correa, puesto a disposición de la justicia por una serie de hechos delictivos.

Cordero regresó a Montevideo y al cabo de siete años falleció, el 18 de octubre de 1859, dejando a su familia en buena posición económica. Su hijo, Fernando Cruz Cordero Arrúe, nacido en la capital uruguaya en 1822, cursó sus estudios primarios en la Banda Oriental, completando el secundario en Buenos Aires. Posteriormente ingresó en la Universidad para estudiar Leyes, recibiéndose de abogado en 1843. Fue un jurisconsulto notable, especializado en Derecho Penal. Su tesis "Abolición de las penas arbitrarias en defecto de plena prueba contra el acusado", fue publicada en 1845, convirtiéndose en fuente de consulta de estudiantes y especialistas.

Cordero Arrúe fue miembro destacado de la Legislatura de la Provincia y de la Masonería argentina a la que ingresó en 1856, siendo uno de los miembros fundadores de la Logia Unión del Plata no.1, donde se desempeñó como Gran Secretario hasta 1861. Sin embargo, su verdadera pasión fue la música, en especial los estudios de guitarra, instrumento que llegó a dominar de manera magistral. Se lo recuerda como un excelente intérprete, que maravilló a su auditorio con conciertos de variado repertorio. Discípulo del profesor Massini, al cabo de un tiempo se convirtió en maestro también, siendo muy bien considerado como ejecutor, tanto en el Río de la Plata como en Europa, hasta tal punto que llegó a tocar para la reina Victoria y ésta le regaló una guitarra con su nombre incrustado en nácar. También compuso, escribió un método para aprender guitarra y un texto titulado “Discurso sobre la música” que se supone es una refutación de las afirmaciones de Alberdi sobre dicho instrumento, publicando varios de sus estudios que serían, utilizados para el aprendizaje de futuros ejecutantes.

El Dr. Fernando Cruz Cordero Arrúe se casó en Buenos Aires con doña Petrona Villegas Cascallares, bautizada en la ciudad de Buenos Aires el 24 de octubre de 1824, dama de notable y distinguido abolengo patrio, era hija de Don José Justo Cayetano Villegas Ruiz-Gamiz y Salomé Cascallares Blanco, matrimonio donante de las tierras para la fundación de San Justo, cabecera del distrito de La Matanza, don Justo Villegas, fue Comandante de Milicias y Legislador de Buenos Aires, rico estanciero del Partido de la Matanza, nacido en 1786 en Buenos Aires. Hijo del Coronel de las Reales Fuerzas del Perú D. Francisco Gutiérrez de Villegas y de Da. María Ruiz de Gamiz. Amigo y gran admirador de Juan Manuel de Rosas. Fallecido el 20 de noviembre de 1850, no pudo participar personalmente del acta de donación de sus tierras, sin embargo, doña Salomé, fue partícipe de aquella donación ya que ella falleció el 23 de marzo de 1862. El matrimonio Villegas Cascallares, no solo donó los terrenos para la instalación del pueblo, también donaron los terrenos para la construcción de la hoy Catedral de San Justo, más la suma de 20 mil pesos de la época.

De la unión de Fernando Cuz y doña Petrona, nació en 1858 en Buenos Aires su primer hijo, el homónimo Fernando, que habría de incrementar con su actuación pública, el brillo de ambas familias. Posteriormente nacieron dos hijas, Petrona, que con el correr de los años desarrollaría junto a su madre una labor fructífera en el terreno de la beneficencia y Salomé Cordero Villegas, nacida el 23 de enero de 1838 y casada el 17 de mayo de 1881 con su pariente político, el afamado médico Juan Luis Zoilo Acuña Bosch, nacido en Buenos Aires el 27 de junio de 1852, misma ciudad donde obtuvo el título de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de dicha ciudad en 1876 con una tesis titulada La versión en dos casos de presentación de tronco observados en la clínica de partos. Tras recibirse prestó servicios en el Hospital de Niños. Durante la última rebelión jordanista sirvió en el cuerpo médico del ejército nacional en operaciones en la provincia de Entre Ríos y habiendo estallado la revolución de 1880 lo hace en el ejército nacional contra las tropas rebeldes de Buenos Aires. Fue elegido senador provincial en 1889, cargo que dejo para convertirse en ministro de Gobierno de la provincia en la administración de su pariente político Julio Costa Islas, quien fuera marido de Doña Agustina Paz Cascallares y padres de Susana Costa Paz, casada con el Senador Nacional e Intendente de La Matanza, Don Agustín Isaías de Elía Ocampo, padres de Agustín Pío de Elía Costa-Paz, marido de Leonor García-Calvo Estrada, descendiente de Juana María Arrúe López de Castilla de García Susviela. El Dr. Juan Luis Zoilo Acuña, ocupó el cargo de Ministro interino de Hacienda, diputado nacional (1894), médico del Departamento nacional del trabajo y de los tribunales, Director General de Escuelas y Vocal del Consejo General de Educación. Fallecido el 5 de noviembre de 1918.

Fernando Cordero Villegas cursó sus estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, egresando en 1877 con el título de bachiller. Posteriormente estudió Derecho, incentivado quizás, por la figura de su padre. Sin embargo, la actividad política y las luchas cívicas fueron su fuerte y al cabo de un par de años, dejó la universidad para dedicarse de lleno a ellas. Fue miembro de la redacción del periódico "El Día" de La Plata, donde publicó interesantes artículos de la más variada temática, política y social la mayoría y a los 22 años fue designado comisario de Policía de la ciudad de Buenos Aires, durante el gobierno del general Julio Argentino Roca y la jefatura de don Máximo Paz.

Los Cordero poseían una importante quinta en San Fernando, en la calle Lavalle 40 de la antigua numeración, muy cerca de donde ya tenía la suya su abuelo Don José Justo Cayetano Villegas. Allí pasaron largas temporadas veraniegas en las que fue común escuchar al Dr. Fernando Cruz Cordero Arrúe interpretar piezas musicales con su guitarra. Y esa pasión fue heredada por su hijo Fernando que, andando el tiempo, destacaría también como notable guitarrista. La presencia de los Cordero en San Fernando se fue intensificando y de simples veraneantes porteños se convirtieron poco a poco, en vecinos caracterizados con residencia fija.

Don Fernando Cordero Villegas fue el caudillo sanfernandino por excelencia, cabecilla de una de sus principales facciones políticas. No hubo revolución o pronunciamiento cívico­ militar que no lo tuviera por principal protagonista. Una de las primeras funciones que desempeñó en San Fernando fue la de secretario de Culto e Instrucción Pública, cuando regía la comuna el presidente municipal José León Vela. Fue aquello, la plataforma que lo catapultó a lo más enardecido de las luchas políticas locales, convirtiéndolo en cabeza y líder de la Unión Cívica Nacional primero y del Partido Autonomista sanfernandino después.

Eran tiempos de esplendor para la familia Cordero. El caudillo podía considerarse "dueño del pueblo" y el "¡Viva Cordero!", fue el grito de guerra que sus partidarios lanzaron por las calles durante esos años, afirmando y confirmando su autoridad. Su carisma, su inteligencia y su verborragia fueron las mejores armas que utilizó, aunque no dudó, cuando lo fuera necesario en apostar pelotones de jinetes armados en los puntos estratégicos de la población, los días de elecciones.

Pero don Fernando se valió de otras tretas para acaparar adeptos. Diestro ejecutante de guitarra como su padre, organizó muchos de sus actos partidarios los mismos días en que lo hicieron sus adversarios, atrayendo a la concurrencia con magníficas interpretaciones. Se ha dicho que de esa forma, desbarató más de una asamblea opositora al restarle gente con su guitarra.

Cordero Villegas, fue quien dio un notable impulso a San Fernando. Fueron obra suya el primer afirmado público de la calle Constitución, la ampliación del radio de agua corriente y energía eléctrica, el primitivo trazado de la Plaza Mitre, la toma de posesión de las tierras ribereñas y un impecable manejo de los fondos. Durante su segundo gobierno, suprimió cuatro impuestos y una subvención, ahorrando a las arcas comunales la suma de $ 330 m/n; ordenó además, la rebaja de su sueldo y la de sus funcionarios; limitó a $ 70 m/n los montos para el forraje y creó la Comisión Popular de Fomento.

En 1896, durante el conflicto limítrofe con Chile, Cordero se incorporó al Ejército, marchando hacia el norte bajo las órdenes del general Folheriga, con el grado de teniente coronel. A su regreso, volvió a tomar el mando de las fuerzas autonomistas una tercera fuerza: el Club Comunal.

La trayectoria política de este caudillo, incluye su actuación como concejal municipal de San Fernando, en 1902; presidente del Honorable Concejo Deliberante en 1890, 1901 y 1904; vicepresidente primero en 1903, durante la gestión Bourdieu y presidente del Consejo Escolar, en años posteriores. En el orden provincial, fue varias veces diputado a la Legislatura bonaerense y senador provincial, trabajando desde esos puestos, por el progreso y desarrollo de nuestro partido. Sin embargo, la enumeración de sus cargos y obras no finaliza allí. Entre febrero y marzo de 1879 participó en la suscripción que Manuel Marciano Mases levantó en favor de doña Regina Bengochea; en 1886 integró la Comisión de Fiestas de Carnaval organizada por la Municipalidad y fue designado presidente honorario de la Sociedad Musical lo mismo que en 1889 lo fue del Club del Pueblo, desempeñando ese cargo con el de delegado a la Convención Provincial, junto a Carlos Z. Castro.

En junio de 1899 Cordero fue delegado del Partido Autonomista Nacional de San Fernando ante el Comité Central y en 1901 conformó la Comisión Honoraria del Club Atlético.

Durante todos esos años, Fernando Cordero vivió en su quinta de San Fernando junto a su mujer y su madre.

El solo nombre de don Fernando Cordero basta para dar brillo a cualquier linaje. Sin embargo, otros personajes de su familia destacaron notablemente en San Fernando, por la magnitud de sus obras. Su madre, doña Petrona Villegas de Cordero Arrúe, fue distinguida dama, cuya familia poseía un glorioso pasado que se remontaba a los tiempos mismos de las guerras de la Independencia y las luchas civiles.

Cuando se habla de la historia de la beneficencia en San Fernando el primer nombre que viene a la memoria, con justa razón, es el de doña Elvira Elizalde de Jacobé y su marido, el Dr. Martín Jacobé. Sin embargo, mucho antes, la gran benefactora del distrito fue precisamente, la madre de don Fernando, doña Petrona Villegas de Cordero fue presidenta de la Sociedad de Beneficencia de la Capital Federal entre 1872 y 1873 y 1877 y 1878. Dos años antes de su primera gestión, en 1870, concibió la idea de dotar a San Fernando de un hospital y en ese sentido, puso manos a la obra con ahínco, encontrando por momentos dura resistencia y por otros apoyo. Afortunadamente quien sí se entusiasmó plenamente fue el Dr. Vicente Gandulfo, con quien inició las primeras gestiones.

Doña Petrona dio forma a una comisión que inició las primeras negociaciones ante las autoridades municipales, con el objeto de conseguir un terreno. Esa comisión se abocaría de lleno también, a la tarea de reunir dinero y materiales administrando los fondos que ella misma había donado para poner en marcha el proyecto. Tiempo después, fundó la Sociedad de Auxilio a los Pobres de San Fernando, de la que fue su primera presidenta, iniciando desde allí una labor ímproba, en pos del necesitado. La integraban, Artemia Albarracín, Aurelia Sacriste de Cazón, Aurelia Castro de Martínez, Rosa L. de Ibáñez, María del Carmen Álzaga de López, Emma N. de Arredondo, Amalia V. de Zamudio, Josefa M. de Croza, el padre Cornelio Vázquez, don M. Santiago Albarracín, José Pacheco, Emilio Romano, Carlos Z. Castro, Juan N. Madero y el Dr. José María Cantilo. Uno de sus logros más importantes fue la adjudicación, por parte de la Municipalidad, de los terrenos destinados al futuro nosocomio, un predio que en ese entonces tenía 10.000 varas cuadradas de extensión. En 1893, la Sociedad Pro Auxilio a los Pobres fue absorbida por la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul, continuadora de las gestiones tendientes a concretar el proyecto del hospital, pasando la noble dama a integrar su comisión directiva, como una de sus principales dirigentes.

Otra de las preocupaciones que caracterizó a esta noble benefactora fue la educación infantil y en ese sentido sostuvo económicamente una escuela particular de niñas que funcionó durante mucho tiempo en una casa de altos ubicada en la intersección de las calles Constitución e Ituzaingo en la que, según refiere don Héctor Adolfo Cordero, se desempeñó como docente la legendaria María Tapié.

Petrona Villegas Cascallares de Cordero Arrúe, falleció el 28 de febrero de 1894, cuando las gestiones a las que había dado inicio en pro del hospital local, continuaban su marcha, bajo la inteligente dirección de Artemia Albarracín y de su propia hija, Petrona Cordero Villegas de Stunz. Sin embargo aquella emprendedora mujer fue partícipe de emprendimientos y obras de bien. En 1873 la señora de Cordero Arrúe, fue una de las contribuyentes mensuales que efectuaron aportes para el sostenimiento de la banda de música local. En el mes de abril del mismo año, hizo importantes aportes para la finalización de las obras del templo parroquial iniciadas por el padre Bernardo Repetto en 1870; en 1883, participó en la suscripción organizada para socorrer a los inundados del río Salado y en 1890 en la que se levantó para obsequiar un carruaje al Dr. Vicente Gandulfo, en agradecimiento a los servicios prestados a la comunidad.

Digna sucesora y continuadora de la obra de su madre, Petrona Cordero Villegas de Stunz, fue secretaria de la Comisión de Damas del Hospital de San Fernando durante la gestión de Artemia Albarracín donde trabajó activamente para concretar definitivamente la adjudicación de su terreno y el comienzo de las obras. El primero fue escriturado en 1901 pero de las 10.000 varas cuadradas adjudicadas inicialmente, sólo se recibieron 3000, en el mismo sitio donde anteriormente había estado el cementerio, sobre la calle Belgrano, a escasos metros de su intersección con la avenida Avellaneda. Sin embargo, la eficaz gestión de la comisión posibilitó la adquisición de nuevas tierras, hasta totalizar las 12.000 varas cuadradas actuales, lo que de por sí, constituyó todo un logro. Las obras de construcción comenzaron en 1906, época en la que Artemia Albarracín propuso perpetuar la memoria de doña Petrona bautizando con su nombre al futuro nosocomio.

El hospital fue inaugurado el 5 de marzo de 1911, asistiendo al solemne acto, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, general José Inocencio Arias; el internuncio apostólico, monseñor A. Locatelli; el cura párroco de San Fernando, padre Maximino Pérez; el intendente municipal Alfredo E. Rodríguez, el barón Antonio de Marchi, el señor Samuel Pearson Hale, altos funcionarios provinciales y numeroso público.

Petrona Cordero Villegas de Stunz Arrién, fue designada prosecretaria de la Comisión del Hospital desde 1911, desempeñando ese cargo durante la gestión de doña Angélica García Cortina de García Mansilla. Sin embargo, lo mismo que a su madre, San Fernando la recuerda por otras obras. En 1886 participó de la suscripción organizada para las fiestas de carnaval; el mismo año tomó parte en las reuniones que se realizaron en casa del señor Enrique Fynn, con el objeto de fundar la Sociedad Oriental de Socorros Mutuos, conjuntamente con Elvira Bustamante, Teresa Fynn, Estela Risso, Elsa María Fynn, Arminda Oneto y otros vecinos. Fue además integrante de la comisión directiva de la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul y en ese sentido, colaboró activamente junto a las señoritas integrantes del Taller de Aspirantes de la institución, en las fiestas de caridad que se llevaron a cabo en los salones de la Sociedad Italiana, en 1905.

El 22 de septiembre de 1923, siempre trabajando en pro del necesitado y el humilde, Petrona Cordero Villegas de Stunz fue una de las auspiciantes de la matinée a beneficio del Hospital, organizada en el Teatro "Politeama" de Buenos Aires, junto a María Teresa Quintana de Pearson Hale, Florentina Molina Salas de Madero, Celina Somellera de Jantus Baigorri, Hercilia Wilson Constatt de Arana, Elvira de Elizalde Leal de Jacobé Iraola, Celina Pearson de Piñero Sorondo y otras distinguidas damas de la alta sociedad porteñosanfernandina.

La obra representada en la oportunidad fue "La donna romántica". En 1927 Petrona Cordero Villeras de Stunz fue designada presidenta de la Comisión del Hospital de San Fernando, entidad de la que también fue secretaria y en 1929, tomó parte en el homenaje que el mencionado nosocomio organizó al Dr. Aquiles Ferrante, del que participaron también Fernanda Lastra de Terrero, Celina Somellera de Jantus, María Albarracín de Robledo, Emma Ferrante de Kay, María Luisa y María Cabo Montilla, Lina Kay, Ernesto Hogg, Mateo y Enrique Kay y el presbítero Rafael Cabo Montilla. El domingo 20 de marzo de 1931 se llevaron a cabo en San Fernando las Jornadas del Evangelio, patrocinadas por la comisión de damas de la Obra del Cardenal Ferrari, de la que Petrona Cordero de Stunz formó parte junto a María Mercedes Jacobé Elizalde de Cullen Crisol, Rosalina Berretta de Costa, María Luisa Cabo Montilla, Ercilia M. Muñoz Del Campo, Estela Stunz y otras distinguidas señoras de la localidad. En 1944 la comisión directiva del Hospital, que por entonces presidía doña Fernanda Lastra Quirno-Costa de Terrero Uriarte, designó a la señora Petrona Cordero Villegas de Stunz, presidenta honoraria, culminando de esa manera una trayectoria plagada de éxitos y buenas intenciones.

Pero si la actuación de la señora Cordero Villegas fue destacada, no lo fue menos la de su marido, don Hugo Enrique Francisco Stunz Arrién, hijo de otro Hugo Stunz, y Estela Arrién Bianqui, con el matrimonio de Petrona y Hugo, se determina la unión de los descendientes de los Linajes patricios Arrúe y Arrién, siendo ambos contrayentes bisnietos y por ende descendientes de Doña Bernarda López de Castilla y Cáceres.

Hugo Enrique Francisco Stunz Arrién, fue vocal del Tribunal de Cuentas de la Provincia de Buenos Aires, entre 1892 y 1894. Director del periódico "El Día" de La Plata y director general de Rentas, cargo este último para el que fue designado en diciembre de 1911. Su actuación en San Fernando no fue menos interesante. El 26 de agosto de 1905 fue elegido presidente del Consejo Escolar, cargo que ocupó hasta el 13 de febrero de 1906 cuando renunció junto al resto de los integrantes, en oposición a la Ley de Educación Común. Vale recordar que durante su mandato, el Consejo cedió una de sus habitaciones a la Asociación de Maestros de San Fernando (octubre de 1905) para que allí sesionase, dado que hasta entonces, lo hacía en dependencias del Club Fénix.

Dos años después de su renuncia, don Hugo Stunz fue designado vocal de la Comisión de Fiestas Patronales, participando además, en la suscripción levantada por la Comisión de Fiestas Julias y en todas las que se llevaron a cabo a partir de entonces, para conmemorar los eventos patrios. 1908 pareció ser un año intenso para Stunz ya que el comisionado municipal Carlos González Bonorino, lo designó miembro de la Comisión de Higiene junto a otros prestigiosos vecinos del partido. Al año siguiente fue candidato a consejero escolar por el Comité de Comercio de San Fernando y miembro de la comisión directiva del Hospital, de la que fue tesorero durante la presidencia de don Samuel Pearson Hale.

Stunz fue un benefactor en todo el sentido de la palabra, igual que lo fueron su suegra y su mujer. La Biblioteca y Museo Popular "Juan N. Madero", de la que era socio activo, fue una de las tantas instituciones que gozaron de su generosidad, figurando entre los donantes del terreno sobre el que hoy se alza su imponente edificio, uno de los más destacados y llamativos del distrito. En 1915 integró la Comisión de Fiestas Patronales junto al Dr. Manuel A. Zavaleta, el Dr. Martín Jacobé Iraola, Enrique Gómez Langenheim, Gabriel Barbará y Miguel D. Chafuén y al año siguiente actuó como escrutador de la Mesa Nº 3, junto al Dr. Arturo Reinecke. Fue también socio del Tiro Federal local, siendo frecuente su participación en numerosos concursos de tiro.

El jueves 21 de mayo de 1918, una comisión de vecinos especialmente designada, se hizo cargo del Hogar San Justo, edificado sobre un terreno donado por Mariana Villegas Cascallares, en memoria de su padre, don José Justo Villegas Ruiz-Gamiz, con el propósito de socorrer a los niños menesterosos del distrito. Integraban la misma el cura párroco Maximino Pérez, don Pedro Tamagni, Nicolás E. Ambrosoni, el juez de Menores Antonio Fogliarino y don Hugo Stunz.

En 1920 Stunz asistió al homenaje organizado a Carlos Cúneo, con motivo de su intervención en el asunto del pago del Camino del Norte y al que se le dispensó a Delfín Huergo en el mes de mayo del mismo año tras su retiro del Banco Nación. En enero del año siguiente, fue designado vocal de la Comisión del Homenaje al
Centenario del General Bartolomé Mitre presidida por el escribano José M. Sasso; en 1923 integró la Comisión de Fiestas Mayas y en 1931, la de Fiestas Patronales que encabezó don Antonio Bloise.

Los Stunz ­Cordero tuvieron una magnífica quinta en el predio delimitado por las calles Tres de Febrero, Gral. Pinto, Lavalle e Ituzaingó, bella propiedad rodeada de magníficos parques y arboleda que fue punto de encuentro social de la alta sociedad.

Según cuenta Enrique Burone Risso en Las viejas quintas de San Fernando, la entrada principal se hallaba sobre la calle Tres de Febrero y el frente lucía como ornatos, motivos barrocos con molduras en diversos colores, destacando particularmente una fecha: 1837, el año de su edificación. Agrega este autor, que en sus amplias cocheras se guardaban los carruajes y se cuidaba la caballada para el deporte de equitación, del que la familia fue afecta y recuerda las cabalgatas que la juventud sanfernandina emprendía en las tardes de fin de semana, desde la quinta hasta la propiedad de los Frías, en Punta Chica.

En San Fernando, el linaje de los Cordero se prolongó en los hijos de aquel matrimonio, a saberse, Hugo, Fernando Víctor y Estela Stunz Cordero, quienes asistieron como alumnos a la Escuela Nº 3, tomaron parte activa en la vida social de la localidad desde su adolescencia.

Fernando Víctor Stunz Cordero, propietario de uno de los primeros automotores que circularon por la ciudad, y su pasión por los deportes náuticos despertó en él desde temprana edad, destacando en los mismos, como socio de los clubes San Fernando y El Progreso. Fue propietario del yacht “Acajonos” con el que participó en varias regatas y efectuó paseos por las islas y el Río de la Plata.

Fue uno de los organizadores de la Fiesta del Estudiante que se llevó a cabo en el Teatro "Tamagni", el 8 de octubre de 1925, en la que trabajó con Enrique y Alejandro Burone Risso, Gabriel Barbará, Alvar Daniel Alberti, Abel Gómez Langenheim, Héctor Giménez Fynn, Clemente Olivera (h), José Mutio, Antonio Vázquez, Isidoro Gálvez, Aldo Alberti y Francisco Vázquez (h). También integró la comisión organizadora del festival artístico ­literario a beneficio de la sección náutica del Club El Progreso, junto a otros jóvenes de la sociedad local y durante las elecciones de 1931, se desempeñó como escrutador. En 1934 se enroló en las filas del ejército paraguayo, para combatir en la guerra del Gran Chaco contra las fuerzas bolivianas, regresando al país como héroe de guerra en 1936.

Radicado en Buenos Aires, falleció joven, el 9 de junio de 1944. Su hermana, Estela Stunz Cordero, integrante de la comisión de damas de la Obra Cardenal Ferrari, fue una de las organizadoras de la matinée que a beneficio de los pobres de San Fernando, puso en escena la obra “El amor que pasa”, el 6 de mayo de 1923. Hugo Francisco Stunz Cordero, nacido el 16 de junio de 1899 en San Fernando, provincia de Buenos Aires, donde se habían afincado los Cordero. Se recibió de ingeniero civil en Buenos Aires, luego se radicó en La Plata y sucedió a su padre en la dirección del periódico "El Día". Pese a ello, fue asiduo concurrente a fiestas y reuniones sociales en San Fernando, destacando su presencia en los aniversarios del hospital que ostenta merecidamente el nombre de su abuela.

A mediados de siglo interrumpe su función frente a la dirección del periódico familiar para ir a trabajar a la BBC. Estando en Europa compró un velero, al que llamó “Achernar”, que después de vendérselo a un brasileño pasó a manos de armada uruguaya rebautizado con nombre de Alférez Cámpora. Su proa está en exposición a la entrada del museo naval en Pocitos.

El 23 de mayo de 1929, queda registrado el primer matrimonio de Hugo Francisco con Isabel María Orphant Young, naciendo de esta unión Isabel Stunz Orphant.

Con las expropiaciones de Perón tuvo que refugiarse en Uruguay, comprando campos en las inmediaciones de Lascano, donde conoce a su segunda mujer, Nellys Ávila Costa con quien contrajo segundas nupcias, naciendo de esta unión Hugo Stunz Ávila.


Con el paso de los años, los Cordero y los Stunz abandonaron definitivamente San Fernando para radicarse en la Capital Federal. Sin embargo, hoy se recuerda a los Cordero, una de las familias más antiguas de San Fernando por el nombre del Hospital "Petrona Villegas de Cordero Arrúe" y por la calle que lleva el nombre del caudillo.







Post Armado en base al Artículo del Sr. Alberto N.Manfredi (h),

“Familias tradicionales de San Fernando” (Bs. As., Dunken, 2008, pp. 109-120).
Revista del Instituto Histórico Municipal de San Isidro Nº XX, Municipalidad de San Isidro, 2006, p.19
45 Héctor Adolfo Cordero, La Educación en San Fernando. Reseña histórica sobre el origen de las
primeras escuelas, Ediciones Delta, Buenos Aires, 1963, p. 94

Sitios Web:
http://historiascuriosas.enarg.org/ Hernan A. Moyano Dellepiane
www.genealogiafamiliar.net/ -de Alfonso Beccar-Varela

Especial agradecimiento al Sr Hugo Stunz Ávila, descendiente de las familias Arrúe y Arrién, por los datos de su ascendencia.

Recopilación y armado:

Diego Castro Arrúe

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada