domingo, 21 de octubre de 2018

Hasta el Patíbulo y Más Allá!

"Paysandú bajo el fuego sitiador"



Iniciado el año 1863, nadie en aquella apacible villa litoraleña de casas bajas, corte austero y gente amena, llamada Paysandú, podría llegar a sospechar que se convertiría en la antesala de una trama maquiavélica cuando en los días venideros el Gral. Venancio Flores decidiera invadir desde la Argentina territorio uruguayo, al introducirse por el Rincón de las Gallinas, en clara búsqueda de reivindicación de su Partido Colorado y en memoria de los mártires de Quinteros.

Con ese ímpetu marchó el caudillo colorado y unitario hacia Paysandú en nombre de una enmascarada cruzada por la libertad, la cual, escondía sus ansias de ocupar el sillón presidencial, aspiración ésta, respaldada y alimentada por la ambición desmedida del emperador Pedro II del Brasil y Bartolomé Mitre, presidente de los argentinos, haciendo del Gral. Colorado, el vehículo perfecto para concretar su plan de desestabilizar una posible alianza entre el Gobierno de Montevideo y el de Asunción. De esta forma se aseguraban que Paraguay no obtuviera su tan ansiada salida al mar a través del Río Uruguay, ya que esto hubiera complicado los planes expansionistas de Brasil, al igual que la liberación de la dependencia comercial con Buenos Aires, viendo Mitre frustrada su intención principal reconstruir el antiguo virreinato.

Al enterarse el mariscal Solano López, presidente paraguayo de la situación, advirtió a los gobiernos de Brasil y Argentina que consideraría cualquier agresión al Uruguay, como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata", pero de nada sirvió y éstos avanzaron sin importar las consecuencias.

Y así, el 19 de abril de 1863, el Gral. Colorado encabezó una revolución que dio inicio a una Guerra Civil el 2 de junio de ese mismo año en las llamadas Batalla de Coquimbo, donde luchó contra las avanzadas del ejército gubernista de Servando Gómez, en el departamento de Soriano y el 25 de junio en Salto, derrotaron a los gubernistas del general Diego Eugenio Lamas, en Cañas, con ayuda Militar de Buenos Aires y el apoyo del Brasil que había declarado la guerra al gobierno uruguayo de Bernardo Prudencio Berro. El 4 de agosto de 1864, ocupa Florida, en aquel entonces Villa, capital del departamento homónimo, donde sus defensores también habían de ser fusilados por orden de Flores, tras la Toma de la Plaza. Durante unos pocos días, en enero de 1864, las tropas de Flores sitiaron la villa defendida por Lucas Píriz, pero abandonaron el lugar por la proximidad de las fuerzas del ejército del gobierno que encabezaba el presidente Bernardo Prudencio Berro.

El 25 de agosto el General Leandro Gómez pronunciaba "Debemos jurar en presencia de Dios y a la vista de nuestra Patria amenazada, morir mil veces luchando contra extranjeros y traidores, sin mirar el número, antes de consentir que la libertad del pueblo oriental y su independencia sean pisoteadas"

Entre los valientes militares que integraban el Ejército de la Guardia Nacional se encontraba el joven Capitán Adolfo Areta Arrúe, junto a su cuñado, el también Capitán, Carlos José Blas Lacalle y Zelayeta, marido de su hermana Celestina Areta Arrúe, quienes a su vez eran primos del igualmente joven Enrique Francisco Pereda Arrúe, el cual había iniciado su carrera de armas el 21 de agosto de 1863 en el ejército revolucionario del invasor Gral Venancio Flores, junto a su cuñado, el militar y político Eduardo Flores, cuarto hijo del General Colorado y marido de su hermana Casiana Pereda Arrúe. Ese mismo día, Fernando Cruz Cordero Arrúe, primo hermano de los citados y marido de Petrona Villegas Cascallares, recordada amiga y confidente de Manuelita Rosas, moría en París; Y en Montevideo nacía Juan Evangelista Arrúe Areta, sobrino del Capitán Adolfo Areta Arrúe, hijo de su hna. Laura Areta Arrúe, casada con su primo hermano Juan Bernardino Arrúe Laguna, descendiente del connotado caudillo blanco Juan Bernardino Arrúe López de Castilla, y del Prócer de la Independencia, Gral. Julián Laguna Delgado-Melilla. Mientras Guillermo Bernardo Justo García Arrúe, otro de primo hermano, se encontraba defendiendo las divisiones de los departamentos de Durazno y San José, por ese entonces con el cargo de capitán, años después General, Primer Jefe Militar y pro-hombre del partido, al cual el Directorio lo proclamó como candidato a la Presidencia de la República para el período 1907-11. Blanca, una de sus hijas formaría otra estirpe patricia dentro de su parcialidad al contraer matrimonio con Arturo Heber Jackson.

El 2 de diciembre de 1864, las fuerzas sublevadas ―que cometieron traición a la Patria al contar con el respaldo de una escuadra fluvial del Imperio de Brasil, al mando del Marqués de Tamandaré, y de tropas porteñas enviadas por el unitario y acérrimo enemigo de Uruguay, Bartolomé Mitre ― pusieron nuevo cerco a Paysandú, bloqueándola por vía fluvial y bajo el ataque de un ejército que inicialmente sumaba 5500 hombres (4000 de Flores y 1500 del brasileño Antônio de Sousa Neto). Con clara superioridad y amenazantes, al día siguiente, Gral. Venancio Flores le hace llegar por uno de sus hombres un ultimátum al Gral. Leandro Gómez, Jefe de la Defensa de Paysandú, en el cual lo intimaba a rendir la plaza en menos de veinticuatro horas, ofreciendo garantía y honores de guerra para la retirada de todos sus oficiales, y además, le aseguraba respeto para los habitantes de la Villa que estuviesen sumados a la resistencia. De lo contrario, lo haría responsable, "de la sangre que se derramase por su obstinación".

El Gral. respiró, tomó su pluma y en letra clara e intencionalmente más grande que la de Venancio Flores, escribió al pié de la nota:

"Cuando sucumba"

El mismo día el Marqués de Tamandarè comunica al General que si no se rendía inmediatamente, al día siguiente la ciudad, sería bombardeada. El General contestó que estaba dispuesto a defenderse hasta el último trance. Que por lo tanto podía bombardear la Plaza y que la bombardearía impunemente porque no tenía cañones para contestar a los morteros y obuses con que se le amenazaba. En la tarde de ese día, el General ordeno que formase en la Plaza toda la guarnición, que con las incorporaciones, constaba de poco más de mil cien hombres, incluidos jefes y oficiales. Formada ya la guarnición, el General Gómez se presento a caballo, vestido de camiseta punzó cruzada por una bandera celeste, con una bandera nacional en la mano derecha, como se ve en el retrato; y pronunció una entusiasta proclama, concluyendo con estas palabras textuales: ¿Juráis vencer o morir en la defensa de esta Plaza?

Si, juramos. Respondieron a una voz los Jefes, Oficiales y Soldados de la Guarnición, atronando después los aires con sus vivas.

Antes de salir el sol del 6 de diciembre, el General Flores, rompió el fuego de artillería sobre la ciudad, siendo contestado con ventaja por el Baluarte de la Ley, donde se hallaba el General Gómez.

Luego de incesantes ataques, en lo que restaba del día 6 y 7 de diciembre en la cual la Villa se iba resquebrajando al mismo tiempo que crecían las bajas de los defensores. Parte de la guarnición se ocupa de enterrar los muertos, parte en juntar balas y el resto en aprontarse para asaltar la casa de Rivero que había sido ocupada por los rebeldes. Los que van a desalojar al enemigo es el Batallón Defensores y la compañía del Capitán Areta Arrúe. La pieza de a 8 se ha colocado convenientemente dentro del zaguán de una puerta de la calle que da frente a la casa de Rivero. De repente, aquella se abre de par en par, y el cañón defensor rompe el fuego y por varios puntos salen a la vez y precipitadamente los soldados de Areta Arrúe y del Batallón Defensores. Sorprendidos los sitiadores por una acometida tan brusca e inesperada, los unos huyen despavoridos, y los otros ofrecen poca
resistencia. Fueron muertos a bayonetazos los que no se quisieron rendir. Tomando algunos prisioneros, entre los cuales se encuentran dos desertores del Batallón Defensores.

El 8 de diciembre se convino una tregua que permitió evacuar a parte de las familias y algunos extranjeros, que pasaron a una isla del río Uruguay bajo jurisdicción argentina, la Isla de la Caridad, así llamada desde entonces. En los días siguientes solo hubo cruces de disparos, mientras el pueblo mantenía la esperanzada en el auxilio del Gral. Saa, o en Gral. Urquiza. quien prometió cruzar el río con sus legendarias tropas.Y así, sola con su valiente Gral. Leandro Gómez,  quien junto a sus hombres formados a su lado gritó -¡Juramos vencer o sepultarnos bajo los escombros de Paysandú!. Valientes sin más, Raña, Braga, Fernández Rivero, Aberasturi y Azambuja desenvainaron sus espadas al grito de ¡Juramos Señor!

Los días posteriores el ejército sitiador permanece acampado en diversos parajes de los alrededores de Paysandú pero fuera del alcance de los cañones defensores. Se cambian algunos tiros entre las guardias avanzadas de la Plaza y del enemigo. Por la tarde hacen algunos disparos de artillería que son contestados de la Plaza. La guarnición ha tenido dos heridos de fusil. Todos los heridos son atendidos dentro de trincheras y con laudable esmero por el Doctor Mongrell, que no ha querido abandonarlos, mientras que las señoras que han quedado en Paysandú se han constituido oficiosamente en enfermeras.

La ciudad de Paysandú esperaba el ataque y había iniciado los preparativos para resistir. La parte fortificada o atrincherada abarcaba cinco cuadras de Este a Oeste, y dos de Sur a Norte. Dichas defensas eran deficientes, pues consistían en paredes de barro que por delante a dos metros de distancia tenían unas tablas menores clavadas en fuertes postes y sujetadas a la pared con barrotes de hierro. De modo que las trincheras venían a formar una especie de cajón, el cual se hallaba lleno de tierra. Por la parte exterior se había cavado un foso de dos a tres metros de ancho y en la calle Real, hoy 18 de Julio, había dos portones de hierro, con un puente levadizo que servían para facilitar la entrada y salida de las tropas.

El 15 de diciembre se observa que los sitiadores presentan menos tropas que los días anteriores, pues no se ven más que las guardias y unos cientos de hombres. Sale de la Plaza una fuerza de 500 hombres, que componen el Batallón Defensores, la Compañía de Areta Arrúe, parte de la gente del Coronel Píriz y algunos Guardias Nacionales. Los Jefes que marchan a su frente son el General Gómez, el Coronel Raña, el Comandante don Silvestre Hernández y el Teniente Coronel graduado don Belisario Estomba. Esta fuerza avanza sobre el campamento enemigo, desplegada en guerrillas y con sus reservas correspondientes. Los sitiadores hacen una muy débil resistencia y huyen. Una de las cañoneras nos dispara 4 o 5 tiros, que no ofenden a nadie, pues siendo la parte de la costa de ese lado algo barrancosa, las balas Brasileras pasan por elevación.

Una rara quietud se respira en esos días más allá de algunas detonaciones, pero el 26, el ejército enemigo estrecha el sitio de la plaza, hasta que el 27 de diciembre se escucha al aviso diciendo que a lo lejos se distingue un Ejército.

-Ese es Saa, dice el General Gómez - y dirigiéndose al Jefe del Detall le ordena que mande hacer una salva de 21 cañonazos en celebración de la llegada del Ejército de Reserva, cuya salva la hizo el Capitán don Federico Fernández.

Desde la torre del vigía se ven aproximarse a la Plaza, tres grandes columnas paralelas. Poco después se distinguen banderas. Es el Ejercito Brasilero, al cual el General Flores ha servido de vanguardia.

En ese mismo momento las filas invasoras ascendieron a quince mil, con la incorporación de fuerzas del general brasileño José Luis Mena Barreto. Mientras que la defensa opuso 1086 combatientes a las órdenes de los coroneles Leandro Gómez y Lucas Píriz, y entre ellos se encontraban varios argentinos federalistas de la talla de Rafael Hernández, capitán, periodista y fundador de varios pueblos, además de ser hermano del célebre José Hernández, autor del Martín Fierro, quien esperaba al otro lado del río Uruguay la oportunidad para unirse a los defensores o el mismo hijo del Gral Urquiza, el Coronel Waldino de Urquiza Calvento, nacido en Concepción del Uruguay el 30 de enero de 1827, quien para detener la invasión del estado oriental, por parte del Gral Venancio, pasó al departamento de Salto y de ahí a Paysandú, en enero de 1864, del que fue defensor en gloriosas jornadas. Un nieto suyo Carlos Manuel Piccardo de Urquiza, casa con Hebe Gowland Rubio, de la misma familia de estancieros y opulentos comerciantes británicos que descendía  Hortensia Virginia Gowland Lasala, mujer de Alberto Arrúe Areta, y a su vez éste familia de Juan Gualberto García-Castellanos Terán, descendiente de Juana María Arrúe López de Castilla de García Susviela, casado con María Delfina Fernández-Huergo Vieyra, tataranieta de Pedro José Teófilo de Urquiza Calvento, marido de su prima hna. Ana Montero de Urquiza. Otro de los hijos del Gral. Urquiza involucrado con el pueblo oriental fue Diógenes José de Urquiza Calvento, abogado, diputado, senador, candidato de Gobernador de Entre Ríos en 1881, diplomático, Ministro de la Confederación y agente de negocios de la Provincia de Entre Ríos en el Uruguay, siendo quien le mantenía informado a su padre sobre los sucesos de este territorio en ese momento, casado en Montevideo el 8 de octubre de 1854, con Eloisa Illa Genéz, ascendentes entre otros de los Urquiza-Anchorena Gowland, y a su vez prima hermana de Concepción Platero Illa de Areta Arrúe, quien era tía abuela de Augusto Nery Platero, marido de María Susana Blaquier Urquiza, hija de María Paulina de Urquiza Illa y José María Blaquier Oromí, nieta materna de Diógenes y Eloisa.

-Pelearemos contra los Brasileros y contra Flores, dijo el General, así que diviso las banderas Imperiales. Y si nos toca morir, aquí moriremos por la independencia de la Patria. Cada cual a su puesto de honor!

Desde cada azotea, apostaderos de los vigías, y la cima del Baluarte de la Ley, se les podía ver en sus formaciones hasta el momento en que empezaron a abrirse de forma estratégica, ahí estaban esos dieciséis mil hombres que tenían en sus manos el destino de un puñado de sitiados, mientras acampados a orillas del San Francisco, el Marqués de Tamandaré, Joao Propicio Mena Barreto, Souza Netto, y Venancio Flores, tramaban en que forma se repartirían el botín.

Con el correr de los días, la última plaza que le quedaba al gobierno nacional al norte del Río Negro, se iba dando cuenta que esta batalla la tenía que luchar sola, con su General, capitanes, y lo que quedaba del ejército, sabiendo que ya no vendrían las tropas del Gral. Saa, ni los quince mil jinetes del Gral Justo José de Urquiza cruzarían el río en su ayuda, a pesar de su promesa y de las súplicas de todo un pueblo, de un lado y del otro, aún sabiendo que su propio hijo esperaba por él.

Pero ahí estaban dispuestos a luchar "Hasta el Patíbulo y Más Allá", como gritó el joven y resuelto capitán Areta Arrúe, sumando sus fuerzas a la par del indómito valor que desplegaron los valientes habitantes, quienes marcharon con un "Independencia o Muerte", a viva voz, tal como era el lema de gran Gral. Leandro Gómez- porque para él, lo que estaba en juego en Paysandú era la existencia de su país, el cual era amenazado por la intervención extranjera, más velada, de Buenos Aires, y, abierta, del Brasil, y con todo su coraje se entregaron a la lucha llenando uno de los capítulos más hermosos de la epopeya sanducera al enfrentarse al ataque de una imponente escuadra fluvial del Imperio de Brasil, integrada por las corbetas a vapor Recife, Belmonte y Paranahíba y las cañoneras Ivahý y Araguaia al mando del Marqués de Tamandaré.

Con todo y a pesar de la violencia del bombardeo desde el río y tierra, Paysandú, casi destruida, resistió y la bandera uruguaya aún flameaba en lo alto de la torre de la iglesia en ruinas, despertando una oleada de entusiasmo nacionalista en toda el área, pero el cerco de los sitiadores impidió toda llegada de ayuda. El marqués de Tamandaré quiere la bandera imperial sobre la iglesia, pero la bandera Oriental flamea todavía sobre los escombros de Paysandú…gloria a la Patria!!

Incluso el mismísimo Francisco Solano López, nada pudo hacer, quien confiando en la supuesta "neutralidad" del presidente argentino Bartolomé Mitre, solicitó autorización para cruzar con sus tropas por Misiones en ayuda del Gobierno de Uruguay, y el mandatario argentino rechazó argumentando que permitir que tropas beligerantes atravesaran por su territorio constituía un abandono de la posición hasta entonces públicamente neutral de la Argentina, mientras ocultaba su simpatía con el Partido Colorado del Uruguay.

Finalmente se produce la toma de la plaza por parte de los sitiadores, pero la heroica defensa de Paysandú ante un ataque abrumador y el sacrificio de Leandro Gómez y sus comandantes se convirtieron en una gesta nacional que tornó una derrota militar en una decisiva victoria política que preservó la independencia, la integridad del territorio y la dignidad nacionales.

Al mediodía del 2 de enero de 1865. La ciudad en ruinas es como un animal desollado gritando su dolor. La ciudad en ruinas no tiene flores, ni para los entierros, y los pájaros han huido hacia el sol, tras los muertos, y los niños se han ocultado en los regazos de mujeres que lloraron días y noches enteras... y ahora tienen las lágrimas petrificadas en hilos delgados que les surcan las mejillas y los pechos desnudos. La ciudad en ruinas es un montón de paredes derrumbadas, de huecos que antes fueron puertas y ventanas, un tirabuzón de polvo denso, enceguecedor, una nube de moscas furiosas, ávidas de carroña.

Durante los días del sitio, Adolfo Areta Arrúe, dio todo hasta el último aliento, pero la ciudad cayó rendida junto con el, pudiendo salvar su vida por la oportuna intervención de su amigo y hermano Eduardo Olave, quien bajo su responsabilidad lo “sacó del brazo y no lo abandonó hasta dejarlo a salvo”.

Llegado a Montevideo, el 8 de enero de 1865, le fue otorgado el grado de mayor y por pedido del Ministro de Guerra y Marina, don Jacinto Susviela, redacta el parte circunstanciado del sitio, informe que junto al de Aberasturi constituyen las únicas versiones oficiales sobre la defensa de Paysandú. Digno Defensor de la Plaza decía en su Parte de Guerra:"La carnicería ha sido horrible. El pueblo de Paysandú, mas bien dicho su guarnición (porque entre ella había Guardias Nacionales de Tacuarembó y Salto) se han batido con una heroicidad increíble, sin ejemplo en la historia y que cuando se conozca con todos sus verdaderos detalles ese episodio ha de admirar al mundo."

En febrero de 1865, a la hora de la victoria de los rebeldes que desalojaron del poder al Partido Blanco, que era el suyo, él, al igual que su cuñado el capitán Lacalle emigraron a la Argentina, este último fijando residencia en Buenos Aires, donde mostró su oposición a Mitre, y el tiempo lo vería convertirse en Gral. de Brigada y Ministro del Tribunal Militar de Apelaciones, su hijo se llamó Carlos Celestino Lacalle Areta, fue Cónsul uruguayo en España, además de padre Carlos Pedro Lacalle, casado con María Hortensia de Herrera Uriarte -(hija del doctor-caudillo patricio Luis Alberto de Herrera). Mientras que Adolfo lo hace a Corrientes, donde contrae matrimonio con alguien digno de su estirpe, formando un entronque patricio al tomar la mano de Ángela Lasala Furriol -(hija del Cnel. Francisco Lasala Oribe y María Inés de Jesús Furriol y González Luna, sobrina materna de María de los Ángeles Furriol González Luna, casada con el Gral. Eugenio Garzón Avellaneda. Nieta paterna de don Martín Lasala Fernández-Larrazábal y Margarita Oribe y Viana, sobrina nieta materna del Brigadier Gral. Manuel Ceferino Oribe y Viana, 2do Presidente Constitucional del Uruguay y Fundador del Partido Nacional).

Los muros de Paysandú aún estaban humeantes, la ciudad no se reponía de la calamitosa guerra, la gente no comprendía aún como pasó lo que pasó. Sin embargo había que luchar, y así como se luchó en la guerra se lucharía en la paz. Las madres lloraban a sus hijos, los hijos lloraban a sus padres y en medio de esa desolación la ciudad fantasmal se erguía orgullosa mostrando las heridas de una guerra injusta y caprichosa, concebida en la afiebrada mente de Bartolomé Mitre, secundada por el Imperio del Brasil y así marchar juntos al General Venancio Flores hacia el Paraguay, punto final del camino de destrucción americana, y para ello, Francisco Solano López, el presidente de los paraguayos, le dio el motivo perfecto luego que ocupara con sus tropas la provincia de Corrientes en abril de 1865, en respuesta a la negativa de Mitre de cruzar su territorio para socorrer al pueblo uruguayo.

Este acto llevó al marqués de Tamandaré a designar al aristocrático comendador de la Orden de San Benito de Avis (Imperial Ordem de São Bento de Avis), y Capitán de Navío, Francisco Manuel Barrozo, Comandante de las fuerzas de la 2° División Naval. Francisco, quien más tarde habrá de alcanzar de la gracia de don Pedro I, el grado de Almirante de la Armada Imperial y el título nobiliario de barón de Amazonas, estaba casado con señorita de noble cuna oriental, llamada Carmen Álvarez Susviela, medio hermana de Gualberto García Susviela, marido de Juana María Arrúe López de Castilla.

Destacada actuación tuvo Barrozo frente a la ciudad de Corrientes al mando de la escuadra brasileña en la batalla del Riachuelo el 11 de junio de 1865, haciendo transmitir por señales a sus buques tres frases que serían célebres en la historia naval brasilera: "Brasil espera que cada hombre cumpla con su deber", "Atacar y destruir al enemigo tan cerca como sea posible" y "Mantener el fuego que la victoria es nuestra".

Mientras que Barrozo combatía desde el río, en las filas de Flores en el Paraguay se foguea quien se convertiría en su yerno, un joven llamado José Saavedra Ramírez, hijo del Teniente Coronel Ramón Cayetano Saavedra Cárdenas y Ana Ramírez, nieto del poderoso andaluz José Ramírez Pérez y María Carrasco, quien de regreso de la guerra abandona las armas, ya que su destino esta en las finanzas y la política. De su unión con Isabel Barrozo Álvarez nacen Isabel Saavedra Barrozo, que contrae matrimonio con el ingeniero Conrado García Lagos; Carmen Saavedra Barrozo, que casó con Horacio Piñeyrúa Echenique; Luis Saavedra Barrozo, con Sara Guani; Carlos Saavedra Barrozo, marido de Laura Victorica; Amalia Saavedra Barrozo, mujer del banquero Luis Julio Supervielle; Blanca Saavedra Barrozo, quien tomó estado con Manuel Vaeza Ocampo; Alfredo Saavedra Barrozo, marido de Nilda Gregorini; Ricardo Saavedra Barrozo, de Brígida Martino, Margarita Saavedra Barrozo, unida en matrimonio a Buenaventura de Azevedo Tourem; Pilar Saavedra Barrozo, que entregó su mano en matrimonio al famoso poeta franco-uruguayo Julio Supervielle Munyo; y Enrique Saavedra Barrozo, juez de paz, marido de Elia María Rodríguez, quienes fueron padres de Arturo Saavedra Rodríguez, marido Ivonne Faget Figari, hija del Arq. Raúl Faget y María Margarita Figari Castro, nieta del famoso pintor Pedro Figari Solari y María de Castro Caravia, Padres de Martín y Fernando Faget Saavedra, y de María Elia Saavedra Rodríguez, mujer del ingeniero Luis Topolansky Müller, padres de siete hijos, una de sus hijas es la ex Primera Dama y Senadora Lucía Topolansky Saavedra de Mujica, quien el 13 de septiembre de 2017 asumió la vicepresidencia de Uruguay, convirtiéndose en la primera mujer que asume la vicepresidencia del país.

Otro de los jóvenes protagonistas de esta triste historia fue el ya mencionado Capitán Enrique Pereda Arrúe, quien luego de que sus filas salieran triunfantes, logra  reconocimientos que inmediatamente en 1865 hacen que pase a formar parte de la 'División Oriental' en la guerra de Paraguay. Hecha toda la campaña de Corrientes, penetró con los ejércitos aliados en territorio enemigo, y después de actuar en la terrible lucha que señala el avance a la Triple Alianza rumbo a Asunción, tuvo su gran momento militar en el asalto del Boquerón del Sauce, en esa sangrienta Batalla del 18 de julio de 1866, donde muerto su jefe, el coronel León de Palleja, sobre las propias trincheras paraguayas, fuera de combate ya el 2do jefe, el capitán ayudante, Pereda Arrúe, como capitán de la 1era compañía, asumió el mando del Florida, y en medio del fragor de la pelea, bajo la lluvia de balas paraguayas, ordenó presentar armas al cuerpo del jefe que sus soldados retiraban de la línea. El diezmado batallón, suspendiendo por un instante el fuego, rindió los honores como en una parada. Ese honorable acto envolvió en una aureola de heroicidad la figura de Enrique Pereda Arrúe desde aquel día, y al regresar de la campaña Montevideo victoreó por las calles al valiente entre los valientes capitán del Florida, de fina silueta, casi frágil y fisonomía dulce, que no contaba todavía con 24 años pero sí con una inquebrantable entereza cívica. Al tiempo formará un hogar patricio al tomar la mano en matrimonio de Emilia Castellanos Morales, descendiente del Dr. Francisco Remigio Castellanos, hombre adicto al movimiento revolucionario de 1810, asesor del Cabildo de Buenos Aires, integrante en la Banda Oriental de la Junta Municipal Gubernativa en 1813, Diputado en el Congreso General Constituyente de 1824, entre otros múltiples cargos. Hija de Eduardo Castellanos Elías y Emilia Morales Irigoyen.

Así como la Defensa de Paysandú debería hincharle el pecho de orgullo a cada sanducero, son pocos los capítulos en la injusta y triste Guerra contra los hermanos paraguayos que pueden producir ese sentimiento, tal vez la valentía y sentido de honor de este joven militar llamado Enrique Pereda Arrúe sea uno de ellos.

El sitio formó parte de un proceso regional, tal vez uno de los episodios más fascinantes y tristes a nivel de la historia nacional, como de América del Sur, ya que fue el preámbulo de la cruel Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Guerra en la cual el Brasil, aliado con Argentina y el nuevo gobierno colorado de Uruguay demostraron hasta que punto el ser humano puede destruir por codicia. Paraguay “evolucionaba independientemente hacia una civilización capitalista industrial” pero la Guerra de la Triple Infamia“ fue a cortar esa evolución progresiva”.


"Gral. Leandro Gómez Calvo"
Jéfe de la Plaza de Paysandú



       Capitán Comandante Adolfo Areta Arrúe
Defensor de Paysandú

Coronel Enrique Pereda Arrúe
Vuelta del Paraguay

Coronel Enrique Pereda Arrúe, junto al diezmado Batallón Florida
rindiendo honores al caído Cnel. León de Palleja
"Batalla de Boquerón del Sauce"
Alte. Francisco Manuel Barrozo
Barón de Amazonas
Tatarabuelo de Lucía Topolansky Saavedra






Armado y Recopilación:
Diego Castro Arrúe

Bibliografía
Fernández Saldaña J.M. "Diccionario Uruguayo de Biografías". Montevideo 1945.
Gordon Eduardo Guillermo. "La Nueva Numancia". Concordia. 1865.
Schulkin Augusto. "Historia de Paysandú. Dicc. Biográfico". Bs. As. 1958.
Zum Felde Alberto. "Proceso Intelectual del Uruguay". Mdeo. 1967.
Goldaracena Ricardo "El Libro de los Linajes".
Pagano Mabel "Elisa Lynch, una irlandesa en el Paraguay"
Delgado Aparaín Mario "No robarás las botas de los muertos"
Chirico, Gabriel "Genealogía Familia Urquiza" Revista Genealogía Familiar. T. Nro. 8

Sitios web. consultados:
http://www.museosinfronteras.com/
http://www2.ejercito.mil.uy/
https://www.histarmar.com.ar/InfHistorica-8/Paysandu
https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/juan-oribe-stemmer/heroica-paysandu.html

2 comentarios:

  1. Exelente recopilación de héroes y traidores!
    Y no entiendo como sigue existiendo un pequeño departamento de mi.país llamado. FLORES Y UNA gran avenida en Montevideo llamada General.flores
    Se hace honor a los traidores colorados y a su vergonzosa y resentida actuación desde entonces!

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    1. Querido José Luis, lamentablemente la historia así se escribe y cada cual toma su partido y hace sus homenajes. En Paysandú se le cambió el nombre a la Plaza Flores ya que resolvieron que no merecía llevar el de un traidor a la patria. Fuerte abrazo

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